ESCRIBIR PARA VIVIR

por deboracastilloabajo

Decía Ray Bradbury (1920-2012) en el prólogo de El hombre ilustrado, que él, escribía para no estar muerto. Yo escribo, y creo que esta es una máxima que no comparto, a pesar de que Bardbury es uno de los escritores que, como lectora, mejores ratos me ha hecho pasar.

Desde siempre, mi supervivencia depende de cosas del tipo: respirar, comer, beber y dormir. Esos son los factores que hacen que no esté muerta.

Para respirar no tengo más que dejar que mi cerebro dé orden al sistema respiratorio de realizar el acto involuntario de ingresar oxígeno en mis pulmones y expulsar dióxido de carbono. Dormir es algo que, en mi caso, implica una cama. Estoy mayor para dormir en cualquier sitio y además, me gusta que la cama esté a cubierto, en una de las habitaciones de un piso.

Del comer y del beber —y de pagar la casa en la que está mi cama—, se encarga el dinero que me he ganado trabajando, a lo largo de toda mi vida, en negocios que nada tenían que ver con la escritura.

Soy una escritora tardía. Empecé a contar historias a los treinta y muchos, y descubrí que tengo aptitudes para hacerlo. Sin embargo, podría mantenerme viva sin escribir y no creo que me sintiera infeliz, o que mi vida perdiera significado, o al menos, no del todo.

Que no se me entienda mal, preferiría no tener que dejar de hacerlo porque me gusta, disfruto construyendo ficciones, me encanta, no me lo he pasado mejor en mi vida. Cuando estoy en racha, puedo estar horas delante de la pantalla del ordenador, me animo cuando veo que la trama avanza tal y como la había pensado, que todo fluye, pero no quiero pensar que por eso tengo una mayor sensibilidad que la de un administrativo, un astronauta, una cirujana o un carnicero. Para mí, la escritura es un oficio, igual que los que acabo de nombrar y todos los demás que existen. Lo que defiendo es que, el escritor no es alguien diferente de los demás mortales sino que es un trabajador más, cuya tarea es inventar historias para distraer, para provocar una reflexión,  para emocionar…

Otra cosa son las habilidades que cada uno tiene para desempeñar su oficio, y el de escribir depende de la gracia del que cuenta las historias y de que interesen a los lectores. Lo mejor, en un mundo perfecto, sería que todos desempeñáramos el oficio para el cual estamos más capacitados.

Por ahora, vivo de la enseñanza. Doy clases de técnica narrativa, porque soy consecuente con mis ideas y creo que cualquier oficio puede aprenderse —repito que después, los hay más y menos mañosos—, y continuo escribiendo con la esperanza de que algún día, mis relatos y mis novelas me podrían ayudar a respirar, comer, beber y dormir.

Quizá la motivación que tengo para escribir no sea tan romántica como la de Ray Bradbury, pero puede que tampoco sea tan diferente.  A fin de cuentas, yo escribo para vivir.

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