LA REALIDAD TRANSUBSTANCIADA

por deboracastilloabajo

Hay un dicho popular sobre el hecho de que cada persona tiene un libro en su interior. Durante muchos años he bromeado acerca de él diciendo que, en la mayoría de los casos, es ahí donde ese libro debe quedarse…

No lo digo yo, es un dicho popular y Michael Legat abre su libro Wtiting for pleasure and profit —que viene a ser Escribir por placer y por dinerocon esta frase.

Muchos alumnos principiantes de Escritura Creativa desean escribir para contar su propia vida. Las personas en general le damos mucha importancia a nuestras vivencias porque son las que más de cerca conocemos y las que más nos afectan. Cuántas veces habremos oído decir a amigos y conocidos: mi vida sí que te daría para escribir un libro, o, es que todo lo que me pasa es de película de Almodóvar. O incluso lo hemos pensado de nosotros mismos.

La realidad, no obstante, nos demuestra que el ser humano comparte la casi totalidad de esas experiencias: anécdotas graciosas, casualidades increíbles, dramas lacrimógenos… A la mayoría nos ha tocado vivir un desamor; muchos hemos sufrido una enfermedad, en nuestras carnes o en las de algún familiar o amigo; todos vamos a tener que enfrentar en algún momento la muerte de seres queridos y la propia. ¿Por qué entonces creemos que nuestra experiencia es diferente y digna de contarse? Pues porque el ser humano no es objetivo.

Lo que de verdad queremos transmitir al lector es la felicidad que se siente al encontrar el amor, o la angustia de ver cómo se escapa. Hablamos de la amistad verdadera, de la maldad humana, del poder del dinero… Y si nos empeñamos en contarlo usando literalmente nuestra experiencia perderemos perspectiva, nos iremos a detalles que únicamente son importantes para nosotros y que alejan al lector del conjunto del mensaje.

La experiencia personal sirve de dato contrastado y nos da la idea, es decir nos lleva a lo queremos contar, a la esencia. Pero a ese hecho hemos de añadirle la imaginación para convertirlo en algo de amplio interés y comprensible para gente de diversas culturas, ámbitos sociales.

Enrique Páez explica una solución para transformar nuestras propias historias: La realidad transubstanciada.

A la hora de escribir una historia, pongamos que real, y puede que hasta autobiográfica, no conviene hacerlo de manera literal. Eso es algo que tarde o temprano debe aprender todo escritor. A la hora de escribir un relato con base real debemos estar atentos para, con el fin precisamente de ser fieles a la realidad, transformar parte de la historia. De ésta hemos de quedarnos con la verdadera esencia, el sabor, la sensación, los motivos…, y a partir de ahí reconstruir, con nuevas anécdotas y situaciones lo que pasó en realidad.

El autor propone que, si hablamos de nosotros mismos, añadamos o restemos diez años al personaje protagonista, o le cambiemos el físico añadiéndole un hándicap (cojera, ceguera…). Esa dimensión inventada es la que nos hará tomar perspectiva sobre nuestra vida. Si vamos a hablar de lo feliz que fue nuestra infancia podríamos situarla en un circo ambulante, ejemplo que también serviría para contar lo desgraciada que fue situando nuestra vivienda en una funeraria.

Yo lo veo un poco como la campaña publicitaria de la marca cosmética L’Oréal. Antes de recitar la famosa frase, los actores, actrices y modelos contratados para ser los iconos de la firma, se tienen que chupar horas de maquillaje, peluquería y alguna que otra corrección que proveerá el retoque digital de la imagen. Solo así pueden ponerse ante la cámara y decir con total seguridad: Porque yo lo valgo.

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