LA LITERATURA BASURA

por deboracastilloabajo

A menudo, tanto entre escritores, como entre lectores o profesores de talleres literarios se estigmatiza a los llamados best sellers  por considerarlos mala literatura.

Durante el período en el que estudié Escritura Creativa, escuché más de una vez a alguno de mis profesores citar este tipo de libros como literatura de baja calidad. Incluso hubo quien recomendó usarlos a modo de ejemplo de lo que un buen escritor no debía hace jamás. La misma pregunta que se me ocurría entonces escuchando semejantes consejos, es la que todavía me planteo: ¿Qué es la mala literatura? Y más aún: ¿Quién decide que tipo de libros pertenecen a esa categoría?

Lo único que percibo es que muchas de estas historias son las que se venden por millones. Bueno, vale, de acuerdo que el marketing tiene mucho que ver; puede que, al mirar el número estratosférico de ejemplares adquiridos que se anuncia en esas bandas que rodean la portada y contraportada de un libro nos digamos: ¡Ya será menos! —la cantidad no cuadra con las estadísticas que afirman que en este país no se lee—; pero lo cierto es que funcionan, que los lectores los compran y se enganchan. Y a mí, me da rabia cuando oigo a una minoría tratar a la gran mayoría de tontos por leer tal o cual cosa. No puede ser que tantas y tantas personas estén  equivocadas y solo unas pocas sepan cuáles son los libros que de verdad merece la pena leer.

En ciertos círculos literarios, entretenido se ha convertido de un sinónimo de malo, y se utiliza el adjetivo comercial como si fuera un insulto —esto ocurre también con la música o el cine—.  Sin embargo, creo que hace falta recordar que desde sus comienzos, el oficio de contar historias tenía como finalidad conservar tradiciones y conocimientos transmitiéndolos de generación en generación de manera fabulada y, sobre todo, entretener. Hacer pasar un buen rato tanto a los miembros importantes de las tribus y más tarde a los nobles, como al populacho en general. Con el tiempo, en los sectores sesudos del mundo literario dicho oficio se ha ido subiendo a los altares y ha ido perdiendo su sentido lúdico.

No creo que se le entregue el Nobel de Literatura a un escritor o escritora que se dedique al género policíaco —aunque ahora ciertos autores y autoras de esta categoría sean  casi considerados como escritores de culto, cuando hasta hace unos años era un género menor—, o peor, a una que escriba Chick Lit (libros para chicas). Ni siquiera creo que se les llegue a considerar como candidatos, a pesar de ser de los autores  y autoras más vendidos y por tanto de los más reconocidos por los lectores que, siendo honestos, deberían ser los que cuentan. En teoría, este premio se entrega a “escritores que sobresalen por sus contribuciones en el campo de la literatura”. Hacer que la gente lea, se divierta, llore, se asuste, se estremezca… O sea que se emocione, ¿no es una contribución al sentido de la literatura?

Yo confieso que hubo un tiempo en el que casi me daba vergüenza admitir que algunos libros me habían gustado mucho. Ahora ya no me ocurre. Puedo decir sin tapujos que me lo he pasado muy bien leyendo novelas de esas que están escritas para un público muy amplio y, supuestamente poco exigente, y que me ha costado mantenerme atenta a las páginas de algún otro escrito con una  demostración tal de dominio del léxico que apabullaría al Ilustrísimo Comité de Sabios Lingüistas Elaboradores de Diccionarios.

Aprecio que un libro esté bien escrito, lo considero imprescindible y agradezco enormemente la labor de los correctores, pero a veces, tengo la sensación de leer párrafos y párrafos que  el autor ha escrito más por complacerse a sí mismo que por  comunicar alguna cosa al lector.

Los lectores no queremos que nos lo den todo mascado. Agradecemos que el autor nos deje especular, adivinar, que nos desconcierte en un momento de la trama para  mostrarnos después el sentido de ese instante de confusión. Pero, la verdad, tampoco hace falta ser críptico en exceso para mostrar cuan brillantemente se es capaz de desestructurar una trama, o tirarse páginas y páginas sin avanzar, estancados en la misma escena, describiendo el mismo entorno o escuchando a un personaje perorar hasta decir basta sobre el propósito de la vida.

Además, estoy segura de que, incluso los más estrictos defensores de la pureza y la calidad literaria, se han sorprendido siendo estimulados por la lectura de alguna de esas bazofias comerciales. El que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

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