UNA CUESTIÓN DE ESTILO

por deboracastilloabajo

Escribiendo a mí me pasa lo que a Shirley MacLaine actuando, me gusta el melodrama.

Ella explicaba que aceptó el papel que le habían ofrecido en La fuerza del cariño porque vio claramente que iba a proporcionarle el Oscar que tanto deseaba, y no se equivocó. Aquel año, 1983, le dieron el galardón, y en su discurso de agradecimiento soltó un contundente: “Me lo merezco”.

En una entrevista, la actriz argumentaba su convicción diciendo que, en cuestión de cine, a la gente no hay nada que más le guste que desternillarse durante la primera mitad de metraje y llorar a mares la otra mitad.

No sé si conocéis la película pero lo que ocurría  era tal cual lo había contado la actriz. Al final de la historia habías recorrido gran parte del espectro de las emociones humanas y te quedabas con una sonrisa en los labios al mismo tiempo que te enjugabas las lágrimas y te sonabas los mocos.

El melodrama se parece a la vida real, a ratos felicidad y a ratos tristeza. Y en esos momentos más duros, me gusta ver o leer como el personaje se lo toma con coraje y con mucho sentido del humor.

Yo escribo humor porque es lo que se me da bien, pero eso no quiere decir que no disfrute enfrentándome a otros géneros narrativos para los que no tengo tan buena mano. Al principio no me atrevía, pero una vez más, reunirme con compañeros —el grupo de los viernes—, me animó a hacerlo.

David escribe terror con un punto muy gore. Los personajes de David son complicados, con una moral muy poco al uso de los valores reconocidos en nuestra sociedad  —son violentos, buscavidas, promiscuos… —, y sin embargo, son los buenos de la historia.

Sergio —el que en su tiempo fue nuestro profesor— es un todoterreno: aventuras en las que el héroe sigue todo el camino hasta superar las pruebas y sufrir la transformación; historias negras de corrupciones políticas desenmascaradas; episodios de la Guerra Civil española… Todo aderezado con un punto socarrón que él reconoce como propio de los de su tierra. Es maño.

Victòria, la última en añadirse al grupo, es la heredera del estilo de cuentistas contemporáneos ilustres: Pere Calders, Medardo Fraile, Julio Cortàzar, Sergi Pàmies… Maneja con soltura la brevedad, la intensidad y la precisión que hacen falta para contar las historias cortas con el mínimo de palabras —las justas, sin que sobre ninguna—, pero con toda la claridad.

Xavi también es muy versátil. Es lector voraz de casi todo, y confiesa que le gusta la fantasía. Su primera novela se enmarca en este género, pero tiene muchos cuentos que van por otros derroteros. Sus personajes suelen estar bastante contenidos en sus emociones de cara a la galería, pero que la procesión va por dentro se adivina, se siente, se les ve en sus gestos y comportamientos. Solo diré que yo soy muy llorona —ya he dicho que me va el melodrama—,  y la única vez en el taller que se me escaparon dos lagrimitas fue después de que él leyera un trabajo que se llama A grito pelado.

Interaccionar con mis compañeros me convierte en mejor escritora, de eso estoy segura, pero lo que también creo, es que me ha enriquecido como profesora de técnica narrativa.

En las clases enseño los recursos de los que los autores disponen para contar una historia, organizar una trama, manejar la intriga, elaborar personajes o construir atmósferas, pero los alumnos también aprenden a base de escuchar las opiniones que tienen de su trabajo sus compañeros y el profesor.

A mí, como lectora, de la misma manera que no me gustan todas las novelas que he leído, tampoco me gustan todos los trabajos de mis alumnos, pero eso no quiere decir que no sean válidos.

Juzgar el trabajo de los demás no es algo que debiera hacerse a la ligera, y en el caso de un profesor de técnica narrativa creo que ha de ser desde el respeto al estilo propio de cada uno. Los rudimentos narrativos son los mismos para todos desde Aristóteles hasta ahora y el estilo es el resultado de cómo decide cada autor combinarlos y expresarlos, es lo que diferencia a un escritor de otro.

Por eso, en cuestiones de estilo no hay una manera correcta o incorrecta de proceder. Cada uno debe experimentar y encontrar su voz.