¿POR QUÉ ESCRIBIR?

por deboracastilloabajo

Estamos acostumbrados a usar la profesión que desempeñamos para dejar que esta nos defina.

¿Qué eres? ¿Cuántos respondemos a esa pregunta mencionando un oficio que no sentimos como nuestro? Soy administrativo, pero estudié Historia del Arte; soy camarera aunque estoy licenciada en Arquitectura…

El trabajo consume una gran parte de las horas que tiene un día, es normal que se acabe utilizando para concretar quienes somos, para explicarnos delante de los demás.

En este aspecto, escritores —novelistas, poetas, ensayistas, guionistas…—, pintores, músicos…, se manejan en un terreno muy difuso.

Las personas de mi entorno que quieren dedicarse a alguna de estas disciplinas —incluida yo misma—, acostumbran a dedicar más de alguna que otra hora a este trabajo; horas que  arrancan a sus otros quehaceres cotidianos. Sin embargo, de cara a la galería, ¿cuál es la diferencia entre alguien que escribe con la intención de llegar a ser escritor y alguien que lo hace por hobby?

Puede que la diferencia sea el sentimiento con el que se realiza la escritura.

Tengo alumnos que hablan de lo terapéutico que les resulta crear historias y que tienen suficiente con el hecho de haberlas escrito. Esos son los que escriben por afición.

Hay otros que lo hacen con la intención de publicar y esos son los que, con suerte algún día, llegarán a ser escritores.

Yo todavía no soy escritora a pesar de tener  escritos un sinfín de cuentos y tres novelas.

No lo soy porque no estoy publicada.

André Gide decía: Escribo para que me lean.

Yo también. Lo que da sentido a mi escritura es la aspiración a que alguien la lea —fuera de mi círculo de compañeros, amigos y familia—, a que alguna persona compre o saque de la biblioteca una novela mía. Y para eso, necesito publicar.

Cada uno escribe por algo. Estas son algunas de las repuestas de escritores a la pregunta: ¿Usted, por qué escribe?

 

 Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central. (Andrea Camilleri)

En parte, porque me pagan. Escribo por amor, publico por dinero. Por esa razón, no publico ni la mitad de lo que escribo. (Lucía Etxebarria)

Escribo por las mismas razones por las que leo, porque no me encuentro bien. (Juan José Millás)

Para mí, escribir es una oportunidad de viajar al mundo de los sueños y de la imaginación; de inventar personajes y vivir otras vidas. (Julia Navarro)

Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. (Andrés Newman)

Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. (Rosa Montero)

Como la mayoría de escritores, no escribo porque lo haya elegido; escribo porque tengo que hacerlo. (John Boyne)

Hay para todos los gustos. Cada uno puede elegir e identificarse con la que quiera.

Yo, por mi parte, pienso que los que escribimos para ser escritores, tenemos un punto exhibicionista y algo de vanidad. Compartimos lo que hacemos con cautela, pero con la esperanza de que los demás disfrutarán y nos dirán lo mucho que les ha gustado. Si no es así, ¿para qué mostrarlo?

Hace unos días, el 21 de este mes, Michel Houellebecq —autor de “Las partículas elementales” y “El mapa y el territorio”, entre otras novelas—, era entrevistado para Elmundo.es El Cultural.

Sé que este señor puede ser considerado como misógino, decadente y reaccionario —opinión que yo comparto. Creo, incluso, que raya la prepotencia—. En esa entrevista reconoce considerarse “el mejor escritor de todos los tiempos”. Mucho decir, ¿no?

Y encima, a la hora de explicar su razón para escribir lo hace así:

 Escribo por los aplausos, no escribo por necesidad. No soy la clase de escritor que no puede evitar escribir. Nunca he llevado un diario.

Es una respuesta exhibicionista —pretende llamar la atención—, y vanidosa.

Pero sin decir que las otras motivaciones no lo sean, creo que es una respuesta valiente y honesta.

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