¿NO ES OFICIO PARA VIEJOS?

por deboracastilloabajo

En algún momento, los periódicos italianos decidieron que ya no ametrallarían a sus lectores con noticias de la crisis y así los dejaban vivir en paz. Supongo que eso no quiere decir que en Italia ignoren la situación mundial, pero un acuerdo tácito para intentar vivir con una visión menos negativa, se traduce en un mejor estado de ánimo para seguir funcionando en lugar de optar por desesperarse y acabar saltando por el balcón.

La cosa está muy cruda, no parece existir una salida digna para ningún sector laboral  y  para los que estamos en la peligrosa franja que va de los cuarenta a los sesenta y cinco —muchos, ateniéndonos a los números que dicen que en el año 2045 las personas de la tercera edad superarán en número a las que están por debajo de esta—, todavía más.

Por eso, hace algo menos de un mes, una noticia publicada en La Vanguardia me alegró un poco el día:

La novela ganadora del último Premio Goncourt, El arte francés de la guerra, es un “ajuste de cuentas” con la historia colonial francesa, según su autor, Alexis Jenni, quien reconoce que “Francia tiene un problema con la falta de reconocimiento del papel de los republicanos españoles”.

Jenni, ganador del prestigioso premio galo con una primera novela publicada con casi 50 años, es profesor de Biología en un instituto de Lyon, su profesión, pero su pasión desde siempre fue escribir.

Sí, señor, los tiempos son más que difíciles, y para los que queremos dedicarnos a la escritura, publicar la primera novela se convierte en una pesadilla que dura, a veces, años. Pero resulta que hay quien puede, hay quien siendo escritor novel y teniendo casi cincuenta años gana un premio literario. Será que no está todo perdido.

En febrero de este año, los escritores Antonio Lobo Antunes y Juan Marsé dieron una charla en el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona), acerca de la honestidad, cómo la vivía el escritor y si esta debía ser un imperativo ético para llegar a serlo. Por un momento, la charla derivó hacia la polémica que hubo en la entrega del Premio Planeta de 2005, que ganó María de la Pau Gener con Pasiones romanas. Ese año, Juan Marsé, que formaba parte del jurado, declaró en rueda de prensa:

Mi opinión personal es que el nivel es bajo y en algunos tramos subterráneo. Alguna novela promete, apunta alto en sus planteamientos, pero se acaba frustrando. El premio no puede quedar desierto, así que nos vemos obligados a votar la menos mala.

Mi derecho a buscar y decir la verdad, mi verdad, está por encima del relumbrón y el festejo del mejor premio del mundo. Sé, además, que mintiendo no le hago ningún bien ni a los premiados ni a mis compañeros del jurado. Y tampoco me parece ético, en las ruedas de prensa o de cara al público, cuando se me pregunta, dar la callada por respuesta

Dos días después  el escritor presentaba su dimisión.

Siempre ha habido dimes y diretes acerca de la autenticidad de los premios literarios mejor dotados: que si están concedidos de antemano, que si solo los ganan los consagrados, que si es una estrategia de las editoriales para hacerse con escritores súperventas que publican con la competencia…

Basándonos en eso, los escritores noveles y que sobrepasamos los cuarenta años no tenemos nada que hacer. No podemos obtener nuestro primer trabajo porque somos mayores y no tenemos experiencia probada en el sector. No podemos ganar un premio porque ya están asignados a otros.

Alexis Jenni ha ganado un premio a los casi cincuenta años con una primera obra. Sam Savage —autor del best seller Firmin—, publicó su primera novela The Criminal Life of Effie O en el año 2005 y él nació en el año 1940 —echen las cuentas—. Agota Kristof —autora de La analfabeta, obra que escribió en 2004 a los 69 años de edad—sacó al mercado la primera novela El Gran Cuaderno a los 51 años.

Yo, como los italianos, escojo quedarme con la parte más positiva.

Escribir, y aún mejor, ganar premios y publicar, es un oficio que no tiene edad.

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