¿ESTA HISTORIA DE QUÉ VA?

por deboracastilloabajo

En una de las entrevistas que Javier Cercas concedió para hablar de su última novela,  Las leyes de la frontera, el escritor comentaba estar de acuerdo con Kundera cuando este dice que: las novelas han de ser fáciles de leer y difíciles de entender. Yo también lo estoy, o al menos eso creo, porque la verdad es que soy muy simple y lo mismo no acabo de pillar lo que quiere decir la frase.

En todo caso —y dado que no puedo preguntarle al señor Kundera directamente ya que no tengo el gusto de conocerlo en persona—, iré por libre y daré mi versión de la frase.

Las novelas y lo relatos son como los sueños: uno se despierta —o termina de leer— y puede explicar lo que ha pasado, pero sabe que en realidad tiene un significado que va más allá de los hechos sucedidos. Hay un trasfondo, un mensaje sobre el que reflexionar. Hay teóricos de la narrativa que llaman a esto la estructura profunda.

La estructura superficial es la historia tal y como se le cuenta al lector. La cadena de hechos que le suceden al personaje, las decisiones que este toma al respecto y sus consecuencias. La estructura profunda es aquello que se lee entre líneas, lo que se insinúa, lo que se sugiere y que al cerrar el libro, después del punto y final, se queda en la cabeza dando vueltas.

Pongo un ejemplo: Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, escrita en el año 1991.

Esta historia cuenta la llegada a la Tierra de una nave alienígena en una misión de  investigación. El conflicto se produce al desaparecer uno de ellos, habiendo adoptado previamente una forma humana —ni más ni menos que la de Marta Sánchez—, para pasar desapercibido entre los locales. El otro de los componentes de la tripulación se lanza en su búsqueda por la Barcelona pre-olímpica —también intentando pasar por un humano—, en una serie de desquiciadas aventuras en las que conoce a unos no menos desatinados personajes que le van mostrando la realidad del objeto de su investigación: los usos y costumbres de la raza humana. Estructura superficial.

La obra tiene un carácter satírico, y sin mucho comerse el coco, un lector avispado puede ver claramente la denuncia hacia la sociedad consumista, competitiva, insolidaria y ofuscada por la prisa y el ansia de dinero. Un poco más allá, y solo para los oriundos de la ciudad, se pueden encontrar referencias claras a la gestión municipal anterior al gran evento deportivo y los inconvenientes que aquello creó en sus habitantes. Estructura profunda.

Cuando explico este punto a los alumnos, hago hincapié en lo importante que es que tengan claro desde el principio de qué va su novela o su relato. No solo lo que va a pasar, sino lo que ellos o ellas quieren expresar. Así, los hechos irán siempre supeditados al mensaje que quieren transmitir. En narrativa nada es gratuito.

Volviendo a Kundera, estoy con él al cien por cien, en lo de que las novelas han de ser fáciles de leer. En la novela contemporánea se tiende a romper la estructura cronológica temporal, se dan saltos, hacia adelante y hacia atrás, para jugar con la información que el autor quiere dar al lector y en qué momento quiere revelarla. O se explican dos o más historias que aparentemente no tienen nada que ver, para finalmente coincidir y demostrar hasta qué punto estaban relacionadas y no se podían explicar la una sin la otra.

Un reto que tiene su recompensa cuando todo casa en la manera adecuada. Una buena manera de hacer trabajar la mente, tanto de escritores como de lectores. Pero en el caso de los lectores, pienso que una cosa es incitar a que sus neuronas funcionen y otra muy diferente volverles locos con tramas crípticas que acaban por hacerles abandonar. Porque a fin de cuentas, lo que se consigue es distraer su atención de lo que de verdad se cuenta en la historia, y centrarla en cosas más inútiles, que hacen la lectura lenta y espesa.

La estructura superficial debiera ser comprensible

Sobre la profunda, hay alumnos que antes de leer sus trabajos en clase, delante de sus compañeros, sienten la necesidad de explicarse para asegurarse de que el mensaje se comprende en la manera en la que desean. Yo siempre les digo que lean sin decir nada —cuando el lector coja el libro no siempre vais a estar a su lado para explicaros—, y después ya diremos lo que hemos deducido. Hay tres opciones: o no hemos comprendido lo que quería explicarnos, o sí lo hemos pillado, o hay más de un significado y cada uno lo ha procesado según su punto de vista y experiencia y ha extraído algo.

El lector no siempre acabará donde el escritor desea, pero si hay mensaje, habrá reflexión.