PUBLICAR O NO PUBLICAR

por deboracastilloabajo

Esa es la cuestión.

Una cuestión que no siempre depende del trabajo del escritor, ni de la calidad de la obra —hay muchas buenas novelas que jamás verán la luz o que se perderán entre los miles y miles de títulos colgados en las plataformas digitales por falta de promoción—. Menudo panorama para los escritores noveles, ¿no?

Creo que a nadie que esté en la dura tarea de conseguir publicar una novela, se le escapa que la palabra clave es: paciencia.

Es verdad que el sector editorial está mal —no sé si tanto como dicen, pero supongo que es cierto que algo peor que hace diez años—, y que invertir en un desconocido es un riesgo, pero todos los autores han sido desconocidos en algún momento, hasta que han dado con alguien dentro del mundo de la literatura que ha creído tanto en su obra como ellos mismos.

En la escuela no paro de ver como ideas y obras interesantísimas van tomando forma y prometen todo lo que un libro tienen que tener: una historia interesante, entretenida, emocionante; unos personajes sólidos y dignos del amor, odio, compasión, rabia —o mejor aún, a veces de los mejores deseos y otras de los peores—; intriga, giros sorprendentes… Y sin embargo, me doy cuenta también de lo difícil que va a ser que esas historias traspasen los muros del aula, o lleguen más allá de familiares y amigos de cada escritor.

Supongo que hasta aquí, mi discurso parece un poco derrotista, y la verdad es que mi intención es completamente la opuesta. Publicar —por cuenta ajena—, no es el logro más fácil que uno puede plantearse en esta vida, pero no es imposible.

Cuando en clase hablamos de este tema, me gusta recalcar que la literatura, hoy en día, puede continuar siendo para muchos un arte, pero lo que no conviene ignorar es que también es un negocio. Es así, no hay porqué rasgarse las vestiduras, es lo que hay. El cine, el teatro, la música… todas estas expresiones culturales y artísticas, son asimismo un negocio, y cualquiera que se decida a darse a conocer en estos ámbitos tiene la tarea de mantener su visión y su voz, al mismo tiempo que procura acoplarse a las demandas del mercado —editores y lectores—.

Lo siguiente es lo que ya he mencionado antes: la paciencia. Pero no una paciencia pasiva sino la que no para de moverse, de incordiar, de colarse por todos los agujeros en los que se divisa algo de luz, por muy tenue que esta sea.

Si queréis algún ejemplo de lo que aquí queda dicho:

http://www.papelenblanco.com/metacritica/25-autores-muy-famosos-que-fueron-rechazados-por-las-editoriales-i