OTRA HISTORIA

por deboracastilloabajo

La literatura difiere de la vida en que la vida está llena de detalles acumulados y raramente nos encamina hacia ellos, mientras que la literatura nos enseña a observar.

James Wood. Los mecanismos de la ficción

Hay dos aspectos a la hora de escribir que me parecen muy necesarios a tener en cuenta. El primero es la elección del tema que se quiere tratar, y el segundo es —una vez encontrado el primerio—, no soltarlo hasta llegar donde se planea.

La observación a la que se refiere Wood, en mi caso, está relacionada con el primero de los aspectos mencionados.

Para alguien que escribe, esta observación debe ser una herramienta más para ejecutar su trabajo. El autor debiera mirar la historia que tiene delante, y que muchas veces proviene de la realidad, con detenimiento. Después, diseccionarla y volver a unirla en su imaginación ahondando en el aspecto más universal de esta. La realidad es que el escritor transmite mucho más a sus lectores cuando alcanza un cierto nivel de ”liberación autobiográfica”.

El lector tiende a identificarse más con la obra si tiene cierta libertad para interpretarla, para llevarla a su terreno, para pasarla por su propio cedazo.

En cuanto  al segundo aspecto, creo que la disciplina y mantener el objetivo al que se quiere llegar en el punto de mira son fundamentales para acabar contando una historia redonda.

En clase, especialmente con los alumnos de novela —y también en concreto cuando se trata de un primer proyecto—, me he dado cuenta que los algunos de ellos tienen tendencia a querer decir muchas cosas, tantas que a veces parece más una declaración de principios.

Yo pienso que lo mejor es centrarse en un concepto por historia, en una única misión. Es por eso que creo acertado empezar a escribir la novela, cuando el escritor ya conoce su final y todos los acontecimientos que llevan hacia él. Mi hermana dice —y puede que no le falte razón—, que yo soy un poco Asperger (Por cierto: Tim Burton, Nicolas Tesla Albert Einstein y el guapísimo Keannu Rives entre otros lo son o lo eran, así que…)

Sé que cada maestrillo tiene su librillo y que esto que digo no es más que una opinión, un método que a mí me funciona, pero a menudo, en las clases, constato que cuando se escribe sin dirección —sin tener la trama bien construida y montada—, hay una cierta tendencia a encallarse, o a entrar en un bucle de reescritura de todo el texto anterior cada vez que se finaliza un capítulo porque cambia el punto de vista, o el papel asignado a este o aquel personaje…

Esto es muy frustrante, y yo consigo evitar irme por los cerros de Úbeda planificando uno por uno cada núcleo de acción de la novela, uno detrás de otro, respondiendo a la ley causa-efecto, durante el principio y el nudo hasta llegar al desenlace planificado, y haciendo como Ulises, que se ataba para no sucumbir a los cantos de sirena, que en este caso serían los mil y un argumentos diferentes que se esconden entre líneas. Hay que saber decir: esto es otra historia.