UNA OPORTUNIDAD

por deboracastilloabajo

Sí, yo he leído Cincuenta sombras de Grey. Miento, estoy en ello, todavía no he terminado el último volumen de la trilogía.

El primero me lo pulí en cuatro días, el segundo me costó más y tuve que combinarlo con otras lecturas —habitualmente leo un solo libro y no empiezo el siguiente hasta terminarlo—, y el tercero está siendo un poco por cabezonería, otro poco por curiosidad. Creo que ya he mencionado que soy de las que abandona un libro en cuanto empieza a aburrirse, pero quiero saber dónde va a parar la historia.

Me gusta saber qué tienen de especial las novelas  que se venden a millones.

Vamos con los personajes. Están construidos a base de topicazos: jóvenes, guapos —al menos él lo es mucho tal y como nos repite ella hasta el hartazgo—, inteligentes y buenos —ella es una redentora y él un millonario filántropo—. En aras de mostrar eso de la bidimensionalidad de los personajes, la autora le adjudica a él un pasado tormentoso que le ha convertido en un sádico, pero creo que E.L. James se corta a la hora de explorar ese camino y apenas asoma la parte más oscura, le falta tiempo para dar marcha atrás y suavizar la situación para no llegar a mostrarlo nunca como el malo. Ella, sin embargo, muestra contradicciones más simples pero mejor resueltas: le va el sexo duro y al mismo tiempo la asusta. Además, lleva asociados mis dos personajes favoritos —ambos secundarios—: la voz de la conciencia con sus gafas de media luna y la diosa interior, acróbata consumada.

Entiendo porqué esos personajes pueden llegar a fascinar, pero en mi opinión se quedan cortos y tienen un punto irreal que hace que no los tomes en serio.

Sigamos con la trama. Millonario sádico y controlador se enamora de chica inteligente y un poco respondona —lo justo—. Se quieren, se pelean, follan —con más o menos parafernalia según haya habido o no cabreo previo al sexo—, y a por la próxima. ¡Ah, sí! También hay personajes infames y rastreros que les quieren mal porque son unos envidiosos y unos tarados.

Nos queda el sexo. Decía Luis García Berlanga que un buen libro erótico se lee sosteniéndolo con una sola mano; Cincuenta sombras de Grey, acaba sujetándose con las dos, una porque es un tocho y pesa lo suyo, y dos porque las escenas pornográficas, a pesar de estar muy bien escritas y, en un principio ponerte bastante a tono, al final acaban por empachar. Hay sexo para hastiar a los más fervientes erotómanos de la tierra.

Pero ha vendido lo que no está escrito, y mi conclusión es que es entretenido, tiene mucho morbo y es fácil de tragar para quien no está acostumbrado a leer mucho.

Para todos aquellos que se hayan interesado por la literatura erótica, les recomiendo que consulten colecciones como la desaparecida “La Sonrisa Vertical” de Tusquets, con libros memorables, y que se den una vuelta por esta página de Facebook, En carne extraña:

http://www.facebook.com/pages/En-carne-extra%C3%B1a/389556534462226?fref=ts

Nada que cuestionar a las ventas de Cincuenta sombras de Grey, pero el otro día, Luisa Vidal, una amiga que también escribe, defendía que hay muchos libros y autores publicados con mucha más calidad que son desconocidos para el público porque no han tenido una gran campaña mediática y que con el marketing adecuado, también llegarían a gustarle a un número muy respetable de lectores. Y en eso estoy de acuerdo con ella.

Yo me leí la biblioteca de mi barrio por orden alfabético para descubrir autores de los que probablemente, de no haber hecho eso, ahora no sabría nada. La semana pasada compré El rapto de Britney Spears de Jean Rolin, porque me gustó lo que decía la contraportada. Y me lo estoy pasando de miedo con la historia.

Hay que dar una oportunidad a los libros, leer de todo y así descubrir que son muchas las historias que nos atrapan y no solo las que reciben más publicidad.

Anuncios