VER PARA CREER

por deboracastilloabajo

La forma que Don Gregorio tenía de mostrarse muy enfadado era el silencio. “Si vosotros no os calláis, tendré que callarme yo.”

Y se dirigía hacia el ventanal, con la mirada ausente, perdida en el Sinaí. Era un silencio prolongado, descorazonador, como si nos hubiera dejado abandonados en un extraño país. Pronto me di cuenta de que el silencio del maestro era el peor castigo imaginable. Porque todo lo que él tocaba era un cuento fascinante.

El cuento podía comenzar con una hoja de papel, después pasar por el Amazonas y la sístole y diástole del corazón. Todo conectaba, todo tenía sentido. La hierba, la lana, la oveja, mi frío.   

Cuando el maestro se dirigía hacia el mapamundi, nos quedábamos atentos como si se iluminase la pantalla del cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios cuando escucharon por primera vez el relinchar de los caballos y el estallido del arcabuz. Íbamos a lomos de los elefantes de Aníbal de Cartago por las nieves de los Alpes, camino de Roma. Luchábamos con palos y piedras en Ponte Sampaio contra las tropas de Napoleón. Pero no todo eran guerras. (…) Construíamos el Pórtico de la Gloria. Plantábamos las patatas que habían venido de América. Y a América emigramos cuando llegó la peste de la patata.

                                                    Manuel Rivas. La lengua de las mariposas

En narrativa existe una máxima que dice que mejor mostrar que decir. Esto significa lo mismo que aquello de que una imagen vale más que mil palabras, con el matiz de que en literatura de lo que se trata es de construir esa imagen con las palabras.

Para hacer avanzar una narración los escritores pueden jugar en dos modos: el modo escena y el modo resumen.

En el primero se trata de situar al lector en tiempo real, y hacerle ver lo que el personaje vive en ese momento. En el segundo, se intenta que la trama avance en el tiempo de manera rápida, sin detenerse a mostrar mucho ya que son datos que interesan para situar y contextualizar la historia pero no son el quid del la cuestión.

Conectados en modo escena, los autores disponen de varios recursos para acercar la narración al lector —de eso se trata cuando se usa la escena—: los diálogos, la acción —o sea lo que hace el personaje—, y la descripción estática de lugares o sensaciones para crear una atmósfera determinada. En todas ellas prima la visibilidad: que el lector se sumerja en un determinado ambiente a base de describir las sensaciones a través, no solo de los ojos, sino de los sonidos, los olores, el tacto y los sabores, y que vea como es el personaje, lo que dice, como se siente, lo que hace

En lo de ver al personaje, no se refiere únicamente a enseñarle físicamente, sino a que sus estados de ánimo sean visibles a través de sus acciones y no porque la voz narrativa utilice un abstracto para explicarse. Por ejemplo, el narrador dice:

María estaba feliz.

Y se queda tan ancho.

El lector sabe que María estaba feliz porque se lo ha dicho ese que le cuenta la historia. Pero si dice:

María salió de casa a las siete de la mañana, cuando todavía estaba oscuro, con una sonrisa en los labios. No le importó perder el autobús a pesar de que corrió para alcanzarlo y se rompió el tacón del zapato. Se arrancó el otro tacón y se sentó a esperar el siguiente vehículo. Ya en él, no encontró sitio para sentarse, y se pasó todo el trayecto con la nariz empotrada en el sobaco de un hombre que no se cambiaba la camisa por lo menos desde hacía un mes y ni eso pudo borrarle la sonrisa. Nada hubiera podido. Antes de que se acabara el día, María abrazaría a su Pedro al que hacía más de tres meses que no veía.

La palabra feliz no ha aparecido, pero ¿alguien duda de la felicidad de María? No. Porque la hemos visto mediante acciones concretas.

En literatura, como Santo Tomás:

Si no lo veo, no lo creo.

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