SÓLIDO LÍQUIDO Y GASEOSO

por deboracastilloabajo

Zymunt Bauman (Poznán, Polonia, 1925) es un sociólogo y filósofo conocido por haber acuñado el término “modernidad líquida”.

Dicho concepto alude al desmoronamiento de las formas sociales tal y como estaban establecidas antes de la crisis, a la pérdida de su condición “sólida”, puesto que ya no son capaces de mantener su cohesión durante un largo periodo de tiempo y se descomponen y se funden más deprisa de lo que llegan a formarse.

A causa de su corta vida, dichas formas sociales ya no resultan un referente para las experiencias vitales a largo plazo de los seres humanos, y por lo tanto, los individuos nos encontramos con el dilema de escoger entre unas opciones en evolución constante. Este cambio continuado hace que las consecuencias de dichas elecciones sean imprevisibles, y la responsabilidad recae sobre el individuo porque no hay recetas, que una vez aprendidas y aplicadas, permitan evitar los errores o ser culpadas si se produce el fracaso.

Seguramente, cualquier persona puede ver reflejada su propia situación en esta reflexión de Bauman. El ensayista  añade que el constante recorte de las estructuras comunitarias que el Estado ofrecía contra el fracaso y la mala suerte, hacen  que la palabra “comunidad” suene cada vez más vacía.

Los lazos existentes entre los hombres y mujeres  que antes formaban las redes de seguridad se han vuelto débiles y desde los mercados internacionales se degradan la colaboración y el trabajo en equipo y se fomentan  las acciones individuales y las actitudes competitivas.

Últimamente los autores, ya no son los que escriben la novela, son también los que se preocupan de encargar y pagar un informe de lectura que hable de las bondades de su novela y con el que poder entrarle a agentes y editores,  buscar y de nuevo pagar un corrector ortotipográfico y de estilo, abrir un blog y empezar a publicitarse, entrar en foros, en facebook, en twitter…

Extenuante. O al menos lo es para mí. Y desagradable, porque Dios me ha dado unas habilidades sociales limitadas y acerca de la comprensión y manejo de las nuevas tecnologías, mejor ni os cuento.

Ese sobreesfuerzo, sin garantía alguna de éxito —ni siquiera de caso en algún sentido—, crea una angustia que nos hace tender a la mezquindad. Pues que cada uno se lo curre como pueda… Sin embargo, continúan siendo los colectivos que se unen los que sobreviven. Las pequeñas editoriales que se han cooperativizado son las que siguen a flote –más mal que bien, pero ahí andan, peleando-, los autores que se unen y promueven iniciativas y asociaciones desde las que darse voz a sí mismos y a los demás noveles.

Hay que compartir información y echarse una mano en estos tiempos que, de líquidos nos pueden pasar a gaseosos en un pis pas y dejarnos a todos y a todas más colgados de lo que estamos.

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