LA NUEVA ORTOGRAFÍA

por deboracastilloabajo

Estas últimas semanas se ha vuelto a hablar en la prensa sobre las polémicas decisiones ortográficas que la RAE tomó en el 2010.

Los comentarios se han reavivado con motivo de la publicación del seguimiento por parte de los españoles de los cambios propuestos en su día. Al parecer, la aceptación de las nuevas normas es entre escasa y nula, con la excepción del acento desaparecido en la o que va entre cifras -al escribir 1 o 2-, que se ponía para evitar que se confundiera con el número cero. Se ve que en este caso no  hemos notado la supresión de la tilde porque no la poníamos ni cuando era obligatorio.

Algunos notables de las letras españolas –académicos ellos y por tanto responsables de los cambios propuestos-, han mostrado su rechazo a dichas normas. Tal es el caso de Arturo Pérez-Reverte, que afirma que él continuará acentuando el adverbio solo, o Antonio Muñoz Molina, que aseguró que no le gustaba nada la supresión del acento en guion.

Javier Marías añade que, ya puestos, si quitamos el acento de truhan también se debería suprimir la h: Dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. O acerca del controvertido solo: La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase “Estaré solo mañana”? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.

Francisco Moreno, director académico del Instituto Cervantes, dice que el rechazo a esta nueva normativa ortográfica es porque no nos ha dado tiempo a asimilar los cambios: Escribir guion, solo y este sin tilde está costando mucho. Somos muy conservadores en materia ortográfica, y en cambio somos muy abiertos en materia léxica, celebramos que la academia reconozca palabras como tuitear o red social, pero cualquier mínimo cambio ortográfico provoca recelo.

Hombre, a mí no me parece lo mismo. Entiendo que el lenguaje de la calle se adapte con prontitud,  porque en este caso -como debería ser en muchos otros- manda el pueblo. Lo ridículo por parte de la RAE sería empecinarse en no incluir vocablos que están en boca de todos y son de uso común. Ojo, con salvedades, porque comparto la idea de incluir tuitear que, a pesar de ser un anglicismo, no tenía una voz propia en español anterior a la a parición del término, pero no veo la necesidad de utilizar la palabra casual -que es como se dice en inglés- en substitución de otra que nosotros ya teníamos: informal.

Aunque yo ya he adoptado los cambios, para estar acostumbrada cuando pasen de recomendables a obligatorios, comparto las reticencias ortográficas con la mayoría de castellano escribientes, todas menos una, esa que promulga que las fórmulas de tratamiento, títulos y cargos se escriben en todos los casos con minúscula. Creo que en este caso, y teniendo en cuenta que la regla tiene ya un tiempo, los académicos tuvieron un punto visionario, porque ya no hay Ministros sino ministros, Duquesas sino duquesas y don Juan Carlos, ya no será nunca más el Rey, sino que será únicamente rey.