CONTAR CON CONOCIMIENTO

por deboracastilloabajo

Al  faltarle los argumentos, le faltaban también las palabras.

                                                                     Eduardo Mendoza. Riña de gatos

¿Alguna vez, al leer una novela o un relato habéis tenido la sensación de que el escritor no acaba de saber de qué está hablando? O que no conoce exactamente lo que ha pasado antes de esa escena en desarrollo; o que alguna cosa de la trama no acaba de cuadrar y el escritor pasa de puntillas, como si no quisiera que reparáramos en ese detalle que desconcierta.

Yo sí.

Excusas para ese ”blancazo” las hay a montones: que si tampoco hay que contarlo todo, que si la Teoría del Iceberg de Hemingway, que si al lector no le gusta que se lo den todo masticado…

En la escuela, al revisar los proyectos en los grupos de trabajo, de vez en cuando pasa que no se acaban de ver clara la transición de una escena de una localización a otra, o la reacción de un personaje no encaja, o peor, en la trama hay alguna cosa pillada por los pelos que al ser cuestionada por los compañeros,  no encuentra respuesta satisfactoria por parte del autor.

Cuando esto sucede, y después de unos momentos en los que el alumno se exprime los sesos para encontrar una explicación que deje contentos a los demás sin conseguirlo, no le queda otro remedio que reconocer que no ha invertido suficiente tiempo en documentarse, o en pensar en las causas que ha llevado al personaje a una determinada situación, o a las consecuencias que ese mismo hecho tiene en el desarrollo de la historia.

Hay alumnos que defienden que saberlo todo de antemano hace que pierdan el interés en lo que están contando, que les gusta sorprenderse a ellos mismos de los derroteros que va tomando la historia  a medida que ellos la van construyendo, que de repente aparecen giros inesperados y eso excita su imaginación y abre un montón de nuevas posibilidades .

Así como el saberlo todo puede hacerse aburrido para el escritor, lo contrario puede llevarnos a divagar. La mente es muy traicionera. Lo que creemos que está ahí, construido y ordenado, suele ser un caos de ideas que, cuando se van a transcribir, se atropellan las unas a las otras y acaban por no quedar claras o explicar algo muy diferente a lo pensado originariamente.

Igual que mis profesores hicieron conmigo, yo recomiendo a mis alumnos que no empiecen a escribir hasta que lo sepan todo, de principio a fin. Pero esta es solo una de las muchas maneras de escribir.