RECORTA, PEGA Y COLOREA

por deboracastilloabajo

Tengo dos trabajos. Es lo que pasa, que ahora para juntar un sueldo necesitas trabajar en dos sitios.

Uno, como ya he mencionado en otras ocasiones, es el de dar clases de Técnica Narrativa en la escuela Vamos a contar mentiras, y el otro es el de conserje en una escuela.

Pues bien, a principios de septiembre, cuando volvimos a la escuela todos, una de las profesores se me acercó:

-¿Qué tal el verano?

-Muy bien, gracias. ¿Y el tuyo?

Bien, bien.

Y entonces, en el mismo tono que si me preguntara que tal el recreo con mis amiguitos, añadió:

-¿Ya has escrito mucho?

A lo que yo respondí:

-Ni una sola palabra. Yo, durante las vacaciones, no trabajo.

Ella sonrió. Creo que se quedó un poco cortada porque no me dijo nada más y se fue.

No ocurre con todo el mundo, pero en general, cuando explicas a los demás que escribes -y hablo incluso de personas cercanas: familia, amigos…-, ellos asienten, y dicen:  Aaah ¡Qué interesante! Y su cabeza codifica la acción de escribir en el campo que abarca los hobbies.

No niego que la escritura tiene una parte muy lúdica pero es un trabajo pesado, que requiere concentración, que hay días en los que no hay manera de que se refleje con claridad en el papel lo que uno quiere explicar. Lo desesperante que es saber que cuando has acabado de contar, te queda volver a empezar para revisar y reescribir la historia.

Es como si escribir estuviera reservado para cuatro mentes preclaras y lo que hacemos los demás fueran manualidades, entretenimientos.

He repetido muchas veces que no soy escritora porque todavía no estoy publicada y por lo tanto no recibo ni el reconocimiento ni la remuneración que deben recibir los profesionales de cualquier disciplina, pero de ahí al recorta, pega y colorea hay un largo tramo.