EL MAESTRO DE ALMAS

por deboracastilloabajo

No conocía a Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942),  hasta este verano en el que me he leído El maestro de almas.

La escritora no tuvo una existencia fácil a pesar de su procedencia acomodada -su familia huyó de la revolución bolchevique- y de haber residido en París casi toda su vida. La dificultad le vino de su origen tanto ruso como judío, que no olvidaban la mayoría de franceses -sin tener en cuenta que ella era licenciada en Letras en la Sorbona y que escribía exclusivamente en francés-, y por otra parte, de las múltiples acusaciones de antisemitismo que recibió por el hecho de trato que dispensaba a los personajes de sus novelas.

Precisamente de los personajes de Némirovsky, en concreto del protagonista de El maestro de almas, es de quien me gustaría hablar en el post de hoy.

En la escuela dedicamos un curso entero de ocho sesiones a la construcción de personajes. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho más de una vez, que sean creíbles  y atractivos  hace mucho por la novela. Y Darío Asfar, el médico levantino protagonista de El maestro de almas, es lo que se llama un personaje con profundidad.

Instalado en Niza, el doctor Asfar no consigue hacerse con una clientela que le permita salir de la pobreza en la que viven él, su mujer, Clara, y su hijo recién nacido, Daniel. Los franceses desprecian su origen, es de Crimea, su piel oscura y su aspecto de vagabundo y Darío se ve obligado a empeñarse con usureros para que su familia pueda comer y cada vez su deuda es mayor y sus posibilidades de saldarla más escasas. Hasta que en un golpe de suerte, conoce a Philippe Wardes, un empresario de éxito atormentado por miedos, fobias, el alcoholismo y la falta de sueño. Darío acaba por acceder a la clase social que ansía -la de los que tienen de todo y más-, a base de engatusar, primero a Wardes y después toda la sociedad parisina, con la pretensión de ser un psicoanalista que tiene el método para que todos los ricos puedan vivir en paz consigo mismos sin renunciar a ninguno de los vicios y placeres que conlleva su posición, se convierte en un maestro de almas.

En nombre de la familia, Darío, engaña a sus pacientes, a su mujer, traiciona e incluso se convierte en cómplice de fechorías. Todo ello, él lo defenderá en todo momento, pensando en el bienestar de su hijo y su mujer. Incluso cuando sus actos representan para ellos mucho sufrimiento.

Alguna vez me ha sorprendido que los autores no se atrevan a mostrar las partes más oscuras de sus  protagonistas, y no sé cuál es el caso de cada uno, pero en mis alumnos noto el miedo a que si hacen desagradables a  sus personajes -con la excepción del malo reconocido-, los lectores no empatizarán con ellos.

Creo que es todo lo contrario, hay que ir hasta el fondo de esos personajes, ver de lo que son capaces en situaciones límites, que tienen un precio, que se engañan a ellos mismos y a los demás, que son cobardes, egoístas… En definitiva, humanos.

Soy adicta a las series y hoy es un gran día porque veré el último episodio de Breaking bad. Para mí, Walter White es uno de los personajes de ficción más redondos que he visto en mi vida. Traficante y asesino, todo empezó realmente como un medio para hacer dinero y proveer a su familia -igual que Darío Asfar-, y al final, aunque él mantenga que ese es su objetivo, la realidad es que ya no piensa en nadie más que en sí mismo.

A mí, a estas alturas, Walter White me cae como el culo, pero me tiene enganchada a la pantalla. Y en el fondo, no le deseo lo peor de lo peor.

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