APRENDER SIN CAMBIAR

por deboracastilloabajo

En estos días, no puedes tener éxito como empresa si dejas que manden los consumidores; porque en un mundo repleto a rebosar de cambios constantes, los consumidores no pueden ni imaginar qué vendrá después. Las empresas deben dejarse guiar por sus ideas aunque manteniendo el pulso de los gustos de sus consumidores.

Esto lo dice Doug Atkin, un socio de la empresa de servicios de marketing Merkley Newman Harty.

Si colocas en un altar la opinión del consumidor, lo único que consigues son pequeñas mejoras.

Esto otro lo dice Joseph Morone, presidente  del Bentley College.

En la escuela de escritura, funcionamos en grupos de trabajo de unas cinco personas. La idea es que cada alumno exponga su trabajo ante los demás compañeros y ellos opinen. La finalidad es la de que el autor cuente con la opinión de personas que están ejerciendo de consumidores, de lectores potenciales de su obra, y que posteriormente reflexione acerca de todo lo dicho.

Cuando yo estudiaba escritura creativa, también lo hacíamos así y, en varias ocasiones, mientras otro alumno opinaba sobre mi trabajo, y proponía cambios según su juicio, mi profesor se colocaba estratégicamente a la espalda de este, y de cara a mí, y gesticulaba para indicarme que no debía tener en cuenta las modificaciones propuestas.

Yo no comparto en absoluto las teorías mencionadas al principio de este post. No creo en el endiosamiento del creador y en que se deban ignorar opiniones y gustos de los consumidores. Pero ¡ojo!, a veces, hacer caso de todo lo que dicen los demás acerca de nuestro trabajo, lo convierte en batiburrillo inconexo, y peor aún, borra la marca del estilo que tenemos cada uno.

Escuchar sí, y después valorar. Todos los puntos de vista valen, y creo que un buen ejercicio de escritura es ser humilde, no dar nada por malo y aplicar los consejos que recibimos de nuestros lectores. Si lo hacemos, podremos aceptar los que son válidos y rechazar los que no.

La técnica narrativa ayuda a mejorar lo único que un escritor no debería cambiar: la voz única que lo distingue de los demás.