Los lunes en mi casa

De escribir, de los escritores, de leer y de los libros

LA PEIXERA

La peixera de Maiol de Gràcia Clotet, es una novela distópica. Otras novelas que pertenecen a esta categoría son, por poner algún ejemplo: Sueñan los androides con ovejas eléctricas de Philip K. Dick,  1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, La carretera de Cormac McCarthy o V de Vendetta de James McTeigue.

Distopía viene del griego, del prefijo dis (mal) y topos (lugar), es decir que una novela distópica es la que se sitúa en una sociedad ficticia, consecuencia de las tendencias sociales actuales y que se convierte en indeseable.

La peixera, es la historia de un escritor, Josep E, que es retenido en cautividad y torturado durante años para descubrir, cuando finalmente es liberado, que hay un nuevo orden mundial, una sociedad angustiosa e injusta.

Esta novela de ciencia-ficción se desarrolla en una Barcelona que intuimos no muy allá de la época actual, y este escenario lejos de restarle credibilidad por el hecho de ser tan cercano, inquieta e incluso angustia. Precisamente el hecho de identificar como presentes en nuestros días la segregación, el control, o la venta de la ciudad al diablo personificado en las tiendas de lujo, los restaurantes de diseño en aras de atraer turistas adinerados, hace que los lectores se identifiquen y reconozcan como posible el mundo que Josep E. encuentra al salir de su encarcelamiento.

Son muchas las reflexiones que plantea Maiol de Gràcia Clotet en La peixera. Está la de la tortura utilizada en las cárceles con el fin de obtener información que beneficie a gobiernos, a banqueros en definitiva a los poderosos que todo lo controlan y  venden la pamema de que dichas prácticas se realizan en beneficio del ciudadano de a pie y por su seguridad. La del trabajo que se realiza a cambio del sustento básico, para no se sabe quién ni con qué finalidad y con la premisa de no hacer preguntas al respecto si no se quiere ser el destinatario de las medidas ejercidas contra los que quieren saber y no deben. La de las drogas para escapar de una realidad que acojona -dígase drogas, dígase fútbol, dígase televisión basura…-. Y la del inconformismo, la resistencia y la información como arma contra todo lo antes descrito.

Título: La peixera

Autor: Maiol de Gràcia i Clotet

Edicions del Periscopi

Anuncios

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA POBRES EN BARCELONA

Tomasa Tajuña tiene 63 años, nació y reside en Barcelona y ha sido pobre durante mucho tiempo, pero ya no lo es. Ahora es una estrella del pop y autora -o coautora porque como es analfabeta ha contado con la ayuda de Óscar Torre para escribirlo- del Manual de supervivencia para pobres en Barcelona.

El viernes 25 de octubre, la editorial Pan De Letras presentó, en la librería Alibri, el ensayo en el que Tomasa explica como sobrevivir en una ciudad cuando no se tiene un euro. El libro se estructura en treinta consejos para conseguir de manera gratuita alimentos, viajar en transporte -público o privado- sin pagar, ropa, maquillaje… Hasta unas tetas se pueden obtener, según ella, sin gastarse un solo céntimo.

El manual no tiene desperdicio y la autora, menos. El texto recoge la verborrea inagotable de Tomasa prácticamente sin pulir. Tomasa, sin pensárselo suelta lindezas difíciles tragar. Es xenófoba, hasta el punto de incluir el esclavismo en la categoría de tradición para luego lamentarse de la pérdida de estas, y ultraconservadora, votante del PP. Tampoco ahorra perlas cuando se refiere a los homosexuales, aunque asegura que los gays le caen muy bien y cree ser un icono de este colectivo en su faceta de cantante pop.

A la presentación acudieron los dos coautores, Tomasa y Óscar. Ella llegó la primera, vestida con un gusto muy particular y más pintada que una puerta. Se explicó con el desparpajo de quien cree decir cosas obvias con las que todo el mundo está de acuerdo. No se dio por aludida ante los comentarios de Desirée, su editora y presentadora del acto, que intentaba hacerle ver, de manera muy directa a veces -llegó a decirle que era “un poco hija de puta, ¿no?-, lo desafortunado de algunas de sus opiniones.

Más tarde llegó Óscar Torre que explicó que él se había limitado a transcribir al pie de la letra todo lo que a Tomasa le pasaba por la cabeza y le salía por la boca. Sin tomar partido. Dijo que en su intención nunca había estado dar una imagen ridiculizada de Tomasa para paliar el posible mensaje escandaloso que contenían sus consignas. Que él quiso mostrarla tal y como la veía en todas las reuniones que tuvo con ella durante el proceso de construcción del manual.

Y lo que se ve es una mujer desconcertante. Indigna con sus ideas más retrógradas pero al mismo tiempo se hace simpática por su condición de pícara, personaje querido y reconocido en nuestro país. Aquí precisamente reside el mensaje, la bofetada que se le lanza al lector, que no sabe que partido tomar.

Tomasa no es más que el producto de unos tiempos que brillan por la corrupción de los poderosos y la creciente insolidaridad de los que afectados por la crisis, creen que solo existe el argumento del “¡Sálvese quien pueda!”.

Os dejo unos links para que los interesados sepan más del libro Manual de supervivencia para pobres en Barcelona, de la editorial Pan de letras y del grupo Manada Personal, a través del cual conoceréis más a Tomasa Tajuña, a Óscar Torre y a otros de sus integrantes.

http://www.pandeletraseditorial.com/

http://www.manadapersonal.com/

MARIBEL

Lo primero, disculparme. Ayer se me complicó el día y no me dio tiempo de acabar de escribir el post. Dicho esto, entro en materia.

Maribel es una de mis más antiguas alumnas. Hace ya tres años que tengo el placer de revisar sus textos y disfrutarlos. Escribe reflexiones, anécdotas, acerca de personajes ficticios o reales, sobre los paisajes que la acompañan en su día a día…  Sus textos ocupan apenas media hoja.

Como profesora de técnica narrativa, no siempre he estado en el mismo punto. Al principio era más talibana -herencia de mis profesores de técnica narrativa, que también lo eran-, e intentaba convencer a Maribel de que una historia solo podía ser considerada como tal si tenía principio, nudo y desenlace, si había arco de personaje… Así que insistía y la animaba a darle una vuelta más a sus micros y alargar sus historias. Les adjudicaba conflictos a sus personajes y le daba directrices para reescribir.

Maribel tomaba notas muy disciplinadamente y en la siguiente sesión volvía a presentar diez líneas de escritura. Es que yo me aburro si tengo que escribir cosas más largas, me decía. Y la novelera que yo soy, se hacía cruces.

Hoy por hoy, y a pesar de que sigo encontrándome a mí misma en la novela, me he hecho más sabia. Y por más sabia quiero decir respetuosa y admiradora del estilo propio de los que como yo, intentan explicarse como mejor se les da. Tengo que darle a Maribel las gracias por su terquedad. Por defender su estilo y su manera de contar lo que le interesa. Me ha convencido y convertido a su causa. Veo en sus reflexiones montones de historias contadas entre líneas. Me encanta todo lo que no está dicho y sin embargo está tan claro. Admiro la capacidad que tiene de provocar sensaciones con las palabras justas. Ni una más, ni una menos.

Por si alguno de vosotros quiere ver su trabajo -yo os lo recomiendo-, este es su blog:

relatoscostumbristas.blogsot.com.es

También ha publicado un libro con el mismo título, Relatos costumbristas, a través de la plataforma Bubok.

Para los que os enganchéis a sus relatos, la autora está trabajando en una segunda entrega.

 

 

APRENDER SIN CAMBIAR

En estos días, no puedes tener éxito como empresa si dejas que manden los consumidores; porque en un mundo repleto a rebosar de cambios constantes, los consumidores no pueden ni imaginar qué vendrá después. Las empresas deben dejarse guiar por sus ideas aunque manteniendo el pulso de los gustos de sus consumidores.

Esto lo dice Doug Atkin, un socio de la empresa de servicios de marketing Merkley Newman Harty.

Si colocas en un altar la opinión del consumidor, lo único que consigues son pequeñas mejoras.

Esto otro lo dice Joseph Morone, presidente  del Bentley College.

En la escuela de escritura, funcionamos en grupos de trabajo de unas cinco personas. La idea es que cada alumno exponga su trabajo ante los demás compañeros y ellos opinen. La finalidad es la de que el autor cuente con la opinión de personas que están ejerciendo de consumidores, de lectores potenciales de su obra, y que posteriormente reflexione acerca de todo lo dicho.

Cuando yo estudiaba escritura creativa, también lo hacíamos así y, en varias ocasiones, mientras otro alumno opinaba sobre mi trabajo, y proponía cambios según su juicio, mi profesor se colocaba estratégicamente a la espalda de este, y de cara a mí, y gesticulaba para indicarme que no debía tener en cuenta las modificaciones propuestas.

Yo no comparto en absoluto las teorías mencionadas al principio de este post. No creo en el endiosamiento del creador y en que se deban ignorar opiniones y gustos de los consumidores. Pero ¡ojo!, a veces, hacer caso de todo lo que dicen los demás acerca de nuestro trabajo, lo convierte en batiburrillo inconexo, y peor aún, borra la marca del estilo que tenemos cada uno.

Escuchar sí, y después valorar. Todos los puntos de vista valen, y creo que un buen ejercicio de escritura es ser humilde, no dar nada por malo y aplicar los consejos que recibimos de nuestros lectores. Si lo hacemos, podremos aceptar los que son válidos y rechazar los que no.

La técnica narrativa ayuda a mejorar lo único que un escritor no debería cambiar: la voz única que lo distingue de los demás.

EL MAESTRO DE ALMAS

No conocía a Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942),  hasta este verano en el que me he leído El maestro de almas.

La escritora no tuvo una existencia fácil a pesar de su procedencia acomodada -su familia huyó de la revolución bolchevique- y de haber residido en París casi toda su vida. La dificultad le vino de su origen tanto ruso como judío, que no olvidaban la mayoría de franceses -sin tener en cuenta que ella era licenciada en Letras en la Sorbona y que escribía exclusivamente en francés-, y por otra parte, de las múltiples acusaciones de antisemitismo que recibió por el hecho de trato que dispensaba a los personajes de sus novelas.

Precisamente de los personajes de Némirovsky, en concreto del protagonista de El maestro de almas, es de quien me gustaría hablar en el post de hoy.

En la escuela dedicamos un curso entero de ocho sesiones a la construcción de personajes. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho más de una vez, que sean creíbles  y atractivos  hace mucho por la novela. Y Darío Asfar, el médico levantino protagonista de El maestro de almas, es lo que se llama un personaje con profundidad.

Instalado en Niza, el doctor Asfar no consigue hacerse con una clientela que le permita salir de la pobreza en la que viven él, su mujer, Clara, y su hijo recién nacido, Daniel. Los franceses desprecian su origen, es de Crimea, su piel oscura y su aspecto de vagabundo y Darío se ve obligado a empeñarse con usureros para que su familia pueda comer y cada vez su deuda es mayor y sus posibilidades de saldarla más escasas. Hasta que en un golpe de suerte, conoce a Philippe Wardes, un empresario de éxito atormentado por miedos, fobias, el alcoholismo y la falta de sueño. Darío acaba por acceder a la clase social que ansía -la de los que tienen de todo y más-, a base de engatusar, primero a Wardes y después toda la sociedad parisina, con la pretensión de ser un psicoanalista que tiene el método para que todos los ricos puedan vivir en paz consigo mismos sin renunciar a ninguno de los vicios y placeres que conlleva su posición, se convierte en un maestro de almas.

En nombre de la familia, Darío, engaña a sus pacientes, a su mujer, traiciona e incluso se convierte en cómplice de fechorías. Todo ello, él lo defenderá en todo momento, pensando en el bienestar de su hijo y su mujer. Incluso cuando sus actos representan para ellos mucho sufrimiento.

Alguna vez me ha sorprendido que los autores no se atrevan a mostrar las partes más oscuras de sus  protagonistas, y no sé cuál es el caso de cada uno, pero en mis alumnos noto el miedo a que si hacen desagradables a  sus personajes -con la excepción del malo reconocido-, los lectores no empatizarán con ellos.

Creo que es todo lo contrario, hay que ir hasta el fondo de esos personajes, ver de lo que son capaces en situaciones límites, que tienen un precio, que se engañan a ellos mismos y a los demás, que son cobardes, egoístas… En definitiva, humanos.

Soy adicta a las series y hoy es un gran día porque veré el último episodio de Breaking bad. Para mí, Walter White es uno de los personajes de ficción más redondos que he visto en mi vida. Traficante y asesino, todo empezó realmente como un medio para hacer dinero y proveer a su familia -igual que Darío Asfar-, y al final, aunque él mantenga que ese es su objetivo, la realidad es que ya no piensa en nadie más que en sí mismo.

A mí, a estas alturas, Walter White me cae como el culo, pero me tiene enganchada a la pantalla. Y en el fondo, no le deseo lo peor de lo peor.

RECORTA, PEGA Y COLOREA

Tengo dos trabajos. Es lo que pasa, que ahora para juntar un sueldo necesitas trabajar en dos sitios.

Uno, como ya he mencionado en otras ocasiones, es el de dar clases de Técnica Narrativa en la escuela Vamos a contar mentiras, y el otro es el de conserje en una escuela.

Pues bien, a principios de septiembre, cuando volvimos a la escuela todos, una de las profesores se me acercó:

-¿Qué tal el verano?

-Muy bien, gracias. ¿Y el tuyo?

Bien, bien.

Y entonces, en el mismo tono que si me preguntara que tal el recreo con mis amiguitos, añadió:

-¿Ya has escrito mucho?

A lo que yo respondí:

-Ni una sola palabra. Yo, durante las vacaciones, no trabajo.

Ella sonrió. Creo que se quedó un poco cortada porque no me dijo nada más y se fue.

No ocurre con todo el mundo, pero en general, cuando explicas a los demás que escribes -y hablo incluso de personas cercanas: familia, amigos…-, ellos asienten, y dicen:  Aaah ¡Qué interesante! Y su cabeza codifica la acción de escribir en el campo que abarca los hobbies.

No niego que la escritura tiene una parte muy lúdica pero es un trabajo pesado, que requiere concentración, que hay días en los que no hay manera de que se refleje con claridad en el papel lo que uno quiere explicar. Lo desesperante que es saber que cuando has acabado de contar, te queda volver a empezar para revisar y reescribir la historia.

Es como si escribir estuviera reservado para cuatro mentes preclaras y lo que hacemos los demás fueran manualidades, entretenimientos.

He repetido muchas veces que no soy escritora porque todavía no estoy publicada y por lo tanto no recibo ni el reconocimiento ni la remuneración que deben recibir los profesionales de cualquier disciplina, pero de ahí al recorta, pega y colorea hay un largo tramo.

VAMPIRAS

Es muy probable que al pensar en novelas de vampiros -y vampiras-, las primeras que nos vengan a la mente, si somos unos simples aficionados del tema, sean: Drácula de Bram Stoker, publicada en el año 1897 y Crepúsculo de Stephanie Meyer, trilogía publicada en 2005. 

Muchas veces, el cine se encarga de promocionar novelas. Este es el caso de Entrevista con el vampiro de Anne Rice, del año 1976, que vivió un momento de auge en las ventas después del estreno de la película en 1994.

Hay muchas buenas novelas de vampiros,  El misterio de Salem’s Lot de Stephen King (1975) o El sueño de Fevre de George R.R. Martin (1982), son buenos ejemplos de ello.

Hoy me gustaría hacer mención de una de las mejores de vampiros que yo conozco: Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist (2004), de la que también se hizo una muy buena película en el año 2008.

Cuenta la historia de Oskar, un niño de doce años, que vive en Blackeberg, uno de los suburbios de Estocolmo y que sufre de abusos por parte de sus compañeros de clase. Tiene tres aficiones: comer golosinas, coleccionar recortes de periódico acerca de crímenes violentos e ir al bosque después de clase e inventar situaciones en las que se convierte en  un asesino justiciero o un héroe.

Un día, Oskar conoce a Eli, una niña delgada, pálida, guapa, que no parece pasar nunca frío, que desprende un olor que le recuerda al que tenía su perro Bobby días antes de morir y que acaba de llegar al barrio y vive con un hombre en el portal contiguo al de él.

A pesar de que en su primer encuentro, Eli advierte a Oskar de que no podrán ser amigos,  él siente una atracción muy potente hacia la misteriosa niña, y acaban haciéndose inseparables.

La llegada de Eli y el que Oskar idenifica como su padre, coincide con una ola de crímenes que apuntan a la aparición de un asesino en serie. Oskar sigue los sucesos extraños que acompañan los asesinatos con ávido interés mientras profundiza en su relación con la peculiar niña.

Hay varias cosas que me hicieron disfrutar de la novela. La trama está muy bien ligada y la intriga se mantiene durante toda la novela a pesar de que el lector conoce algunos de los secretos de los personajes. La ambientación es brutal, yo leí la novela en verano y me pelaba de frío. La falta de luz, la tristeza que conlleva esta circunstancia  y la escasez de recursos y la poca esperanza de los habitantes, acaba por pegarse a los sesos del que lee y le cuela de manera muy vívida en el mundo de estos personajes.

Los mismos personajes son otro de los puntos fuertes. Oskar, Eli, Hakan y todos los secundarios que los acompañan.

Y ya, a nivel personal, un atractivo añadido de la novela es que el personaje del vampiro es, en realidad una vampira.

Hay más vampiras en la literatura, claro, pero casi siempre comparten cartel con vampiros.

Yo únicamente conozco otra novela en las que las mujeres encarnen de manera absoluta la sed de la sangre, la fantástica  Carmilla de Le Fanu (1872).

Si hay más, pido recomendaciones. Me encantan.

VOLVER

El día 30 de agosto mi amiga Alicia Sánchez, que gestiona la fantástica página En carne extraña https://www.facebook.com/pages/En-carne-extra%C3%B1a/389556534462226?fref=ts para todos los amantes de la buena literatura erótica, publicaba en su Facebook personal una foto en la que se veía la punta de una toalla y unas chanclas sobre lo que presumiblemente era la hierba de una piscina. El comentario que acompañaba la imagen era: “El fin del verano”.

Yo enseguida escribí un comentario: He llagado hoy de L’Estartit. ¡¡DEPRESIÓN!!

Ella no tardó en responder: Yo hoy también. ¡¡HUNDIMIENTO!!

Para mí, el año no empieza en enero. Supongo que es uno de los tics que tenemos los que nos dedicamos a la enseñanza, todo comienza en septiembre.

Y cada año que pasa -confieso mis pecados-, me cuesta más ponerme en marcha. Me da lástima saber que ya no dispondré de todas las horas que quiera para leer, escribir, dibujar, pasear, ir a la playa, quedar con los amigos a echar una cervecita sin horario, sin pensar en levantarse temprano al día siguiente…

Sin embargo, sé que, en cuanto vea a los alumnos, toda la pereza se esfumará. Los hay que se pasan todo el verano currando y llegan con sus escaletas de novela, o con un buen puñado de relatos. Los hay que no han hecho nada de nada. Pero todos llegan con ganas de empezar, con ideas en la cabeza, con curiosidad por saber cómo van los proyectos de los compañeros, de los profes.

También motiva la ilusión de los que por primera vez asisten a un curso de escritura y descubren las muchísimas posibilidades que tiene cada historia y las mil y una maneras que hay de contarla.

Esa es la mejor inyección de vitalidad que se puede pedir.

Empezamos el curso, desde la escuela os deseamos a todos los que escribís, seáis alumnos o no, lo mejor de lo mejor. Queremos ofreceros también, cualquiera de nuestros cursos para ayudaros a mejorar la técnica narrativa. Estamos convencidos de que el estilo de un escritor es único, su huella digital, lo que le distingue de cualquier otro narrador, pero también creemos que la técnica ayuda a conocer los elementos narrativos y por lo tanto amplía el abanico de recursos que el autor tiene para explicarse, para mostrar a sus personajes, para jugar con la intriga, con la información que muestra o, por el contrario, esconde al lector.

Toda la información de los cursos que empiezan en octubre en nuestra web

http://vamosacontarmentiras.net/

Y en nuestra página de Facebook

https://www.facebook.com/pages/Vamos-a-contar-mentiras/484585488274965?fref=ts

Bienvenidos.

 

HASTA SEPTIEMBRE

Hola a todos y todas,

Este ha sido un intenso año de trabajo: mi novela ha encontrado por fin un agencia literaria, la escuela de escritura “Vamos a contar mentiras” ha iniciado su andadura y no he parado de escribir.

Es por eso que me voy a tomar vacaciones escolares y no volveré al blog hasta septiembre. Sin embargo, son unas falsas vacaciones. De hecho, parte de este tiempo lo dedicaré a las clases de verano de la escuela y sobre todo, a renovar nuestra web, preparar nuevas actividades y programar talleres para el curso 2013-2014.

Otra cosa que haré es leer. Sabéis que leo mucho y en verano mucho más. Para estos dos meses tengo en la lista:

Mantícora de Robertson Davies, Animales de compañía de José Martí Gómez, La fiesta ha terminado de Daniel Vázquez Sallés, Helen no puede dormir de Marian Keyes, El inventor de historias de Marta Rivera de la Cruz, Nadie quiere saber de Alicia Giménez Bartlett, El maestro de almas de Irène Némirovsky, Los grandes cementerios bajo la luna de George Benaros, La danza piadosa de Klaus Mann, De A para X: Una historia en cartas de John Berger, El curioso caso de Benjamin Button de F. Scott Fitzgerald y Winesburg Ohio de Sherwood Anderson.

Gracias a todos los que habéis seguido estos posts durante el curso y buen verano. Nos vemos en septiembre.

PLAGIO

plagiar.

(Del lat. plagiāre).

1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.

 

En el trabajo de un escritor, esa palabra siempre anda planeando —más arriba o más abajo—, y depende de cada uno lo que se puede o no considerar un plagio.

La misma definición da pie a que seamos subjetivos en el significado ya que dice: en lo sustancial.

¿Qué leñes es lo sustancial? Pues eso, que depende de cada persona.

La primera vez que fui al Registro de la Propiedad Intelectual, pregunté a la persona que se encargó de introducir los datos de mi obra para entregarme el comprobante conforme quedaba registrada, de qué me protegía aquella gestión. La respuesta fue que la idea no podía registrase y que por tanto, lo único que quedaba defendido del plagio eran las palabras textuales.

Lo entiendo. Millones de novelas parten de una situación hipotética idéntica, e incluso se desarrollan por los mismos caminos y llegan a igual conclusión. Es la elección de las palabras, los personajes, el estilo, la trama, lo que las hace diferentes las unas de las otras. Es normal coincidir, no en vano en la vida real, la mayoría de los humanos compartimos un ideario común y las situaciones vitales son casi siempre las mismas. Varía simplemente el punto de vista y el protagonista de la historia.

Ahora bien, las palabras… Eso, a pesar de que parezca más claro, es más difícil de diagnosticar. Entiendo que hay un tipo de plagio que es incuestionable: el que se produce al copiar letra a letra algo que ha escrito otra persona e intentar hacerlo pasar como propio.

Sin embargo, ¿es plagio utilizar una frase que hemos leído en otro libro y que creemos que encaja bien con nuestro personaje?

Hace mucho tiempo, cuando yo empezaba a escribir, escuché como mi profesor de Narrativa le pedía a alguien un bolígrafo para anotar una frase que acababa de leer, y que creía que iba bien para adjudicársela al protagonista de la novela que él estaba escribiendo.

Cuando pregunté –inocente de mí-, si aquello no era plagiar, la respuesta fue que todos los escritores lo hacen.

A mí me ha pasado que he descubierto en otros libros, o series de televisión, o programas de radio, frases que creía haber inventado yo. Evidentemente nadie me ha plagiado porque por ahora, mi obra no es pública, lo que me lleva a pensar que es muy fácil que a muchos se nos ocurran cosas muy parecidas. O que algo leído de otro autor sea el germen de algo que escribiremos.

En la conciencia de cada escritor, está el determinar, si esos préstamos, o esas sugerencias que encontramos en otros textos, son o no son un plagio.